Recorrido por las islas Bahamas
En Prince George Wharf hay otras agitaciones: desde allí parten las confortables embarcaciones que recorren las islas. El surtido de pasajeros vuelve a resultar increíble, desde el señor de gorrito hasta parejas enamoradas y grupos de ancianos. Muchos optan por los barcos con fondo de cristal que permiten alucinantes visiones del fondo marino. En tierra, más allá de la maravilla de las playas, hay otros atractivos.
Cerca del viejo Fort Fincastle, alguna vez protector de las incursiones de los corsarios, está Water Tower, a 75 metros sobre el nivel del mar. Desde ese punto, al que se sube por un cómodo ascensor, es posible ver una panorámica que abarca un buen trecho de la costa y el interior de la isla.
Los amantes del ejercicio pueden entretenerse escalando los 102 escalones de la pendiente de Queen’s Staircase y tampoco hay que olvidarse de dar un grato paseo por la parte de la ciudad de tortuosas y empinadas callejuelas por las que en otros tiempos ascendieron intrépidas hordas de piratas. Y al volver de un crucero es bueno echar una ojeada a las inmediaciones del muelle del Príncipe Jorge: sabiendo buscar y mirar no es difícil asistir a la vida de los isleños, una escena auténtica que no se incluye en los tours.
Algunos paseos en las cercanías de Nassau nos permitirán contemplar las murallas del Fuerte Chalotte, en West Bay Street, originario de 1788, que conserva sus fosos, almenas y hasta las tétricas mazmorras. A la sombra de las fortificaciones está Ardastra Garden, una selva tropical donde reinan los flamencos y crecen secretas flores que no se venden en ningún lado. No lejos, en el jardín Botánico, misteriosos estanques ornados de flores de loto hacen claros entre grutas de piedra y matorrales de bellísimos cactus artísticamente dispuestos.
En cambio, para rescatar la visión de lo que fue la vida en New Provedence antes del turismo, nada mejor que correrse a Potter’s Bay. Debajo del puente que lleva a Paradise Island hay un mercado de frutas y verduras y la Lonja de Pescado, donde la variedad de frutos del mar son traficados por una barahúnda de isleños que no cesan de hablar, bailotear y canturrear sones, apoyados por algún tamborileo rítmico.
Y no hace falta alejarse demasiado del centro de Nassau para llegar a Coral Word, un observatorio submarino que posibilita descender muchos metros bajo el mar y observar a los exóticos peces tropicales y el coral en su hábitat natural. No falta un enorme tanque con amenazadores tiburones. Si estos últimos producen alguna angustia, podrá calmarse fácilmente en la cafetería del lugar, donde las delicias no escasean precisamente.
Con todos sus encantos, a Nassau sin embargo suele ocurrirle lo mismo que a Miami: son bastantes los que llegan con el afán de irse, aunque el trayecto en este caso es mas breve. Hay que cruzar apenas un estrecho brazo de mar para acceder a la fastuosa seducción de Paradise Islands.
Es uno de los destinos mas bonitos que yo me desearia pero es que soy muy pobre si tuviera plata se los juro que iria pero no puedo desde: Costa Rica atthe Kevin Lara Esquivel.