Al pie de los Andes
Los Andes están ahi, si uno cierra los ojos puede tocarlos con la punta de los dedos.
El agua del río Mendoza baja por acequias y surcos hasta llegar a la raíz de las cepas. Y en los alrededores, calles de viejos olivos que se proyectan hasta el infinito, al lado de los álamos que como firmes granaderos parecen custodiar la uva.
Hay opción para alojarse en la posada de la bodega, con espectaculares vistas a las salidas y puestas de sol detrás del eterno cordón nevado, y almorzar o cenar en el propio restaurante de la bodega, platos elaborados con productos regionales acompañados con el vino de la casa.
Con la gran vista de la cordillera y los deliciosos sabores que llegan a la boca, no hay dudas de que en Luján de Cuyo se disfrutar por partida doble.
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Autor: Agustín de Argentina